Dije que no iba a postear esto porque me da la impresión de que todo el mundo quiere segundos de los cinco minutos de fama de los jovencitos de Caracas, ciudad de despedidas. Pero… Luego de ver el oportunismo del oficialismo criticando un sector que no me representa del todo y que, a la luz de CCDD, pretende enaltecer su opinión y presumir tener la verdad verdadera, anexo mi reflexión y estos dos párrafos.
Chávez me cae bien, tiene chispa para el descaro. Eso es magia. A pesar de todo, es un ser humano. No quiero que se muera de cáncer porque no se lo deseo a nadie… Mi Caracas sí ha cambiado desde que él está en el poder. No es que lo que los babies estos digan no sea cierto del todo. De mi círculo de amigas sólo quedan 4 en Caracas. Sí, 4. El resto se fue. Yo no viví despedidas porque fui la primera que se fue y más adelante relato un poco el porqué. Me llamo Cecilia Torres, no tengo un apellidazo, cero abolengo ni dinero de cuna, pero sí tengo una madre que con sudor y lágrimas me dio una excelente educación que aproveché bastante bien. Como yo hay muchos. No vengan con el cuento que es la clase alta la que se va, la media alta, la media y la baja también porque he visto ejemplo de todos los casos. Unos porque van a estudiar, a ver mundo, otros a echarle un cerro solitos, otros a asuntos dudosos y “N” cantidad de razones. La cuestión es que lo que no podemos negar lo siguiente: Venezuela no está bien. Venezuela se desangra.
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Reflexión original:
Sí, me pueden matar en mi país. La verdad me pueden matar en cualquier parte, pero según estadísticas Caracas no es sólo roja por la revolución sino por mucha sangre que nos salpica y nos duele. Cifras: 19.000 homicidios anuales, es decir al año tienes 19.000 cuentos horribles rodando de boca en boca, de sector en sector, de estrato en estrato. Cifras personales: 3 seres queridos que formaron parte de esos dígitos y un secuestro express ¿Sigo allí? No, me fui. Y no me fui porque la cosa estaba difícil y entonces era la única opción. No. Me fui por una oportunidad de trabajo que me cambió la vida y construir un mundo afuera cuando ya estás grandecita se resume a contactos laborales afectivos. Volviendo a lo anterior, lo curioso -o lugar común de otras historias- es que mis cifras personales que son grandes marcas en la piel sucedieron cuando ya yo no vivía allí. Me secuestraron en 2004, digamos que fue una mala experiencia. En ese entonces la cosa estaba mal, pero no tan mal y las maletas no eran una opción. El asunto es que desde que los son, no hay un día que esa Caracas -la de ayer, la más deteriorada y la de siempre- no este conmigo. Porque sus fallas y accidentes son poesía.
Caracas es la metáfora del caos y la ironía de la belleza.
Nuestra apreciación de Caracas se ha convertido en algo más, una relación, llena de anhelos y comparaciones, vacíos y satisfacciones que germinan en los ojos de cada quien dependiendo de posibilidades y factores de crianza. Y tenemos resultados como el grupito que está causando revuelo en la redes sociales que al sacar el nazi que hay en ellos han sacado el nazi en el resto ¡Al fin sucede algo en Caracas que hacemos todos juntos! Y no aún no he visto el primer comentario inteligente sino puro chalequeo o absurdas defensas cuando saben que no nos tiembla la mano para cortarnos las cabezas.
Somos expertos en no abordar las cosas de la mejor forma sino de la manera que nos da la gana buscando trofeos para el ego y pisando fácil al otro entre tanta dicharachería, curda y bailongo que nos caracteriza como “alegres”. Y es justo eso lo que están haciendo en este instante, lazando flechas a quienes por pura pretensión lanzaron la primera.
La combinación de pretensión con inmadurez fue Caracas, ciudad de despedidas un capricho estético que descuidó lo más importante: su contenido. Y el resultado: un celebrado éxito de la estupidez humana. Nos han hecho a todos hablar y ahora son cybercelebridades. Lograron lo más importante, nos hicieron discutir a todos a la vez. Nos hicieron ver lo ridículos que muchos podemos vernos con ese actuar egoísta. Bufones de paso cuyo ensayo de la ingenuidad es un episodio que debo confesar me divierte pero por sobre todo es un acierto en aprendizaje. Yo creo que o se van demasiado o la experiencia les da una bofetada de cambio, y prefiero que les suceda la segunda.
Moraleja: Ahora en Venezuela cualquier cosa es un arma política. La realidad no está en el ombligo de cada quién sino en los ojos de los demás. Creo que debemos vernos más a los ojos.
Se derrumbó el mundo pero tus colores siguen intactos. Lejanos, pero resplandecientes. Sin embargo, quiero volver a sentir. No sé cuántas puertas equivocadas me falten, sólo sé que ya estoy cansada. Corazón de piedra que tanto sonríes ¿Aprenderás de nuevo a latir?
My life is cold without you but I’m still wearing a coat :)
A veces me gustan los monstruos como tú porque no existen extremos y cada cosa tiene su encanto. Mi optimismo vio tus maravillas y opacó cada vestigio de lo abominable que cargas a cuestas. Fueron días felices y son días que no añoro, días que son saldos, días que son lección. No puedo explicarle nada a tu corazón porque no me escucha. Sólo me queda hablarme a mí, hablarme de amor, para no caerme en un foso que no merece la pena. Crecer es saber escoger, caminar entre murallas siendo tan sensible como la primera vez que te sentiste herida. Cuidarte las espaldas para que nada ni nadie se lleve el título de haber robado algo de ti. Estancarse es justo dejar que los demás tomen ese control sobre ti que mal llamamos amor y que para mí no es más que una decisión. Con esto no quiero decir que amar sea solamente decidir, pero lo que sí estoy segura es que amar no es aquella emoción de secundaria ni aquel cuento de fidelidad y happily ever after que nos venden desde la religión hasta la casa. Amar sencillamente es sortear dificultades y escoger la mejor persona que pueda tomarte de la mano para saltar esos obstáculos en cierto momento porque amar hasta pierde vigencia. Amar no es un orgasmo placentero, ni la cursilería de un ramo de flores con palabritas, ni un haz esto por mí. Amar es lealtad hasta en el engaño, amar es la tolerancia de lo intolerable y la responsabilidad de un pacto que te acepta con accidentes y antecedentes. Amar es un verbo que no se practica y un terreno donde nos ganan emociones egoístas. Y amar es canciones, poemas, sonrisas, llantos y no es nada de eso. Una vez más me acerco a mi corazón para decirle que no se preocupe que la calma no es el amor sino que siga latiendo, que sane la herida. Que sane.
No me voy a perder en tu recuerdo la casualidad te enseñará a no dejarme ir. La casualidad que no existe, la casualidad que es mi certeza. Me lo dice la luna que aunque menguando sigue inmensa. Pondré un silencio aunque mi corazón se haya acercado a tu piel y tus pies hayan danzado con los míos en mi lecho terso. No voy a volver a fumar hasta que te encuentre y me resista a tus labios.Voy a dejarte recordarme como una sombra incompleta, un recuerdo borroso que no sepas a qué supo pero que aún así su imán te siga acercando. Sin pócimas ni conjuros, ni ruegos silenciosos al cielo, voy a dejarte descansar en el letargo de mi memoria aunque mi cuerpo todavía tiemble por una caricia tuya, aunque tu piel tenga el sabor que me agobia. Voy a extrañarte como la pieza perdida de mi rompecabezas, que aún sin ella no pierde la esencia de su imagen traviesa. Voy a simplemente esperarte sin hacerlo, queriendo matarte entre lirismos, apartándome día a día de esas dos horas. Tus dos horas. Nuestro comienzo. Marinero desolado, de bahía en bahía amado, lleno de luces y de nada. En algún puerto de un porvenir desconocido te esperan mis entrañas.
La miro de reojo, a ella con tanta reserva y el corazón arrugado, igual que yo alguna vez en otro lugar y en otro tiempo. Latidos en la mano y una coraza ante la misma palabra: amor. La miro de reojo, nada más cuando me persigue el pasado y veo la misma secuencia, el mismo truco de los trazos en el rostro y su delicada sonrisa esperanzada escondida entre estoperoles y jeans rasgados. Hacerme fuerte a veces significaba respirar tres veces, romper un pensamiento y tratar de desearnos paz a los tres. Ahora la miro, y reflexiono que no le deseo a nadie pasar por el mismo camino que ya dejé atrás, comiéndome el coco con tus infidelidades, enredada entre espinas donde sacarse unas significaba clavarse otras. Comprendí que lo más fácil de conseguir en esta vida es sexo y que lo tuyo con eso era un ejercicio de pereza y cobardía sentimental. Pero ¡Vaya que en medio de la pereza te has cruzado con regazos que aguantaron sostenerte cuando ya no valía la pena! Comprendí que tantos pasos que eché en este andar se pudieron haber evitado con una bala perfecta cargada de verdad, comprendí que la verdad se lee en los errores y no en las disculpas, comprendí que no es necesario que te des cuenta porque siempre estás ausente (hasta cuando fornicas), comprendí que tienes mal gusto y mucha suerte, comprendí que los verbos aburrir y retomar son los más conjugados por ti, comprendí que lo tuyo no es selección sino codicia. Comprendí que sencillamente mi decidir me hizo esclava de ti. La miro de reojo como el espejo quebrado que busca juntar sus pedazos. La miro nuevamente y, con todo respeto, me da lástima.